Estás equivocada, vida. Un condenado está lleno de amor. Lleno de amor por la falta de él.
¿Una paradoja? Puede ser. Pero hasta el corazón mismo de la Creación, vida, es una paradoja. ¿No dicen que Dios se revela por su ausencia? ¿Deus absconditus, no lo llaman los teólogos? Es la paradoja más antigua del mundo, que lo breve es eterno, que lo oscuro es claro, que lo vacío está lleno…
¿Cómo podés decirme que en todo esto no hay amor? ¿Te acordás cuando supiste que yo pasaba horas viéndote dormir? ¿Y qué era eso? ¿Voyeurismo, como le dicen ahora? No, eso es demasiado facilista. Era amor. Simple y llanamente. No existe otra palabra que lo describa mejor. Si en ese momento me hubieras dicho que sacrificara todo por recostarme a tu lado, ¿no lo hubiera hecho?
¿Te parece exagerado? Dejame que te cuente una historia, un relato que me contó… alguien que bueno, no importa. La historia de Orión, el gigantesco cazador tachonado de estrellas. La constelación más antigua. Se dice que Orión llegó a la isla de Chios, donde vio a Merope, la hija del rey, y se enamoró instantáneamente de ella. El rey aceptó que Orión se casara con su hija pero insistió en que el gigante demostrara primero su valentía realizando muchas pruebas, muy difíciles. A medida que Orión completaba las pruebas, el rey le imponía otras, más duras que las anteriores. Al final Orión sospechó que el rey no quería desprenderse de su hija y que las pruebas no tendrían fin. Así que se la llevó por la fuerza, pero el rey lo mandó a atrapar y cegar. Ya ciego, el amante fue desterrado de la isla para que vagara por la tierra de las tinieblas.
¿Comprendés, vida, qué fue lo que llevó a Orión a la ceguera? La belleza. La belleza de una mujer. Por favor, no me digas, como lo hacen los necios, que la belleza es superficial. La belleza lo penetra todo, se filtra hasta la médula.
Orión quedó impactado por la belleza de Merope y se enamoró. Soportó largas penurias y todo por qué… Por un recuerdo. La había visto una sola vez. Y por ese solo instante fue condenado a caminar en la oscuridad.
¿Y vos no te das cuenta de que un condenado está lleno de amor? ¿De amor por la falta de él?
Dios mío! Esta húmeda y pequeña habitación rebosa de amor, el amor mancha las paredes, humedece la alfombra y se infiltra en las páginas de mis manuscritos como un ejército napoleónico. Una enorme y anhelante ausencia de amor.













