Y bueno, nos pasan estas cosas. En días en los que estrellas rutilantes se inscriben para siempre en el éter, se nos escapó también Andrés Cascioli.
Aunque estos años de distancia con parte de mis cosas me hayan mantenido lejos de la cultura gráfica, lo mismo se me da por sentir su desaparición.
Y también lo lamento por mi viejo, quien no está para hacerlo por sí mismo; incluso hasta quizás lo haya recibido ansioso si es que existe esa utopía de la que siempre dudamos, Ernesto.
Es cierto que estamos cada vez más solos. Pero no perderíamos nunca algo que no ganamos alguna vez. Por eso cuando el desconcierto nos cruza las miradas en la hora oscura sonreímos en silencio celebrando una vida tan maravillosa.












