Quién diría que ibas a ser centenario. No vamos a discutir por unos días a esta altura del partido.
Sos una de las cinco personas más influyentes de mi vida. Y un referente absoluto. Pocas cosas deben ser tan claras en mi mente. Sin vos sería otro. ¿Y quién sería si vos no hubieras existido? ¿Dónde estaría mi yo sin Sábato?
Es como percibir por un momento la NADA. Un vacío supremo. Si yo fuera otro tipo, acaso mejor que éste, lo que soy sería NADA perfecta. Lo que quedó de mí cuando algo de mí giró imprevistamente y me arrancó esta vida que hoy respiro.
Mientras sea, vos serás. Si un día te vas con Matilde, algo tuyo flotará mientras palpite este pecho doliente que encendiste.
Mejor que yo conocés este poema que Matilde te escribió, y que me sigue estremeciendo como al descubrirlo hace casi veinte años. Y que trata una de las angustias más profundas de nuestra existencia. La duda última, que nos sigue como una sombra inasible, y que necesitamos resolver desde el otro lado, donde no sabemos si nos angustia, ni sabemos si se resuelve, ni sabemos si hay lado, ni sabemos si nos importa.
Y si la falla fuera
la desesperada esperanza de dar sentido al caos?
¿Y si hincar las uñas en las almas ajenas
para hacer puentes de aire
confirmara que es inútil la búsqueda?
Siempre el tú se transforma,
siempre termina otro yo,
único, solitario.
No me basta saber que algo nace
cada vez que uno muere;
no soy nada ni nadie,
ni yo, ni tú, ni el otro,
y es irrisorio
este insaciable afán por seguir siendo.
Por momentos sospecho que hay una clave:
siento un rumor de cosas ya pasadas
y de otras por venir,
pero no sé dónde continuará
este ambular de sombras.
Llegará el día y habrá que aceptarlo.
Y aunque el corazón se acurruque en el pecho,
como un pájaro enfermo,
habrá que aceptarlo.
Sólo falta saber quién de los dos
quedará sin oír la respiración del otro,
huérfano del lenguaje cifrado
de la otra mirada.
Quién de los dos
quedará en el vacío de las sombras,
sin el latente custodio de su cuerpo.
Quién sufrirá la alejada presencia
llenando el vacío de los cuartos.












