Vos que estás acá seguramente ya sepas que esa frase es parte de un poema de Mario Benedetti. Suena como con el matiz contradictorio de una canción de Arjona: acompáñame a estar solo, volvé a donde nunca estuviste, subí para abajo, chupate esta mandarina, etcétera. Parece una cosa, pero es otra, y uno se da cuenta por la calidad expresiva de esta oración.
En todos lados en general, el olvido está tan lleno de memoria, que a veces no caben las remembranzas, y hay que tirar recuerdos por la borda. Pero en Corrientes los olvidos son tan vacíos, que sólo puedo atinar, presuroso y asustado, a subir los recuerdos por la borda. Hay demasiados silencios callados, demasiadas complicidades, aun entre víctimas y victimarios.
La vida es más ancha que el lugarcito de uno mismo, y siempre se las ingenia para que la miremos. No podemos ser vulnerables ante un ambiente que no reconocemos como propio, y lo sabemos muy limitado. Al menos dentro, en nuestra inteligencia y nuestras pasiones, está la libertad, cuando los pies se ampollan y los caminos apuntan a horizontes desconsoladoramente inasibles.
Y aun en las arenas movedizas, nos queda la voz, y también el grito.











